El gobierno, atento a la velocidad de la información digital, desplegó equipos de análisis de datos para identificar los orígenes de estas campañas. Entre los hallazgos, se destacaron cuentas con perfiles incompletos, perfiles que cambiaban de nombre diariamente y mensajes generados por algoritmos de inteligencia artificial, lo que levantó sospechas sobre la veracidad de la convocatoria.
Durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó la autenticidad del movimiento que se autodenomina Generación Z México. “Llama la atención que está lleno de inteligencia artificial”, afirmó. Según la mandataria, los contenidos que impulsan la protesta parecen provenir de “cuentas sin identidad verificable” y “cualesquiera que se están haciendo visibles ahora son el PRI, algunos del PAN u otras cuentas muy identificadas con la derecha mexicana”.
El análisis de Sheinbaum no se limita a las redes sociales. Se identificó una campaña millonaria de donaciones en línea que, pese a no estar vinculada al colectivo real, utilizó el nombre del movimiento para solicitar fondos en plataformas como Donorbox. La publicación, que pedía apoyo para “seguir la lucha contra el gobierno represor”, fue retirada tras denuncias de usuarios y pruebas de que la cuenta pertenecía a un perfil inexistente.
En respuesta, Generación Z México desmintió cualquier relación con la colecta y criticó la suplantación de su identidad. A través de su servidor oficial en Discord, el grupo aclaró que “nos deslindamos completamente de cualquier página que esté pidiendo donaciones usando nuestra imagen. ¡No se cuelguen de algo real y genuino!”. El mismo grupo señaló que el llamado a la donación no tenía respaldo ni la organización Guacamaya Leaks, la cual históricamente no utiliza redes sociales para difundir sus filtraciones.
La situación subraya la creciente complejidad de las campañas digitales en México, donde la línea entre la movilización legítima y la desinformación se vuelve cada vez más difusa. Para el sector político y la ciudadanía, el reto consiste en separar la voz auténtica de la que se aprovecha de la tecnología para fines dudosos, garantizando que la participación juvenil siga siendo un pilar de la democracia.
