El pasado viernes, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo comentarios que despertaron alarma en las redes sociales y entre los analistas de seguridad. Según sus palabras, el gobierno de su país estaría dispuesto a intervenir militarmente en territorio mexicano para combatir a las bandas delictivas, con la promesa de “salvar millones de vidas” y “detener la producción de drogas”.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, respondió de forma contundente y sin rodeos. En una conferencia de prensa, la mandataria descartó rotundamente la idea de aceptar una intervención militar extranjera, afirmando que “no va a ocurrir”. Según ella, las conversaciones telefónicas con el presidente Trump y su equipo han dejado claro que México prefiere una cooperación basada en la información y la coordinación, no en la presencia de tropas extranjeras.
Sheinbaum recordó que, históricamente, la presencia militar de otros países en México ha sido muy limitada y que la soberanía y la territorialidad de la nación son principios que no pueden negociarse. “Hay coordinación sin subordinación”, añadió, subrayando que el acuerdo con Estados Unidos permite el intercambio de inteligencia y la coordinación operativa, pero mantiene la autonomía de las fuerzas mexicanas en el terreno.
El presidente Trump, por su parte, afirmó que su postura no constituye una invitación directa a la intervención, sino una oferta de apoyo que se activaría “si México lo pidiéramos”. La presidenta mexicana respondió que tal condición no se cumple, y que la nación no busca ni necesita tropas extranjeras en sus calles.
Con esta declaración, la mandataria refuerza el mensaje de que la seguridad interna es una responsabilidad exclusiva de México, y que cualquier colaboración con Estados Unidos debe respetar los límites de la soberanía y la autonomía operativa de sus fuerzas armadas y policiales.
