Entre los espectadores se encontraban delegados del Congreso, magistrados de la Suprema Corte y altos mandos de las Fuerzas Armadas, todos presentes para rendir homenaje a la memoria colectiva que dio origen a la patria.
En medio de la solemnidad, la presidenta Claudia Sheinbaum tomó el podio y, con voz firme, abordó temas que han estado en el centro del debate político en los últimos meses. No tardó en señalar la oposición y los gobiernos anteriores, describiendo sus posturas como equivocadas frente a la realidad del país.
«El que convoca a la violencia, se equivoca. El que alienta al odio, se equivoca. El que cree que la fuerza sustituye a la justicia, se equivoca», dijo, entablando un diálogo sobre la necesidad de evitar la intervención extranjera en la lucha contra el narcotráfico y denunciando las campañas de calumnias que, según afirmó, dañan la percepción del pueblo y de la juventud.
La mandataria continuó resaltando la importancia de la memoria histórica y los logros de la Revolución. Señaló que México ha experimentado cuatro transformaciones y que, hoy, las libertades políticas se ejercen “desde abajo”, en cada barrio y comunidad, sin que nadie sea silenciado por pensar distinto.
En un discurso que buscó redefinir la imagen del gobierno, Sheinbaum enfatizó la ética y la austeridad como pilares de su administración. “La autoridad moral no se compra con dinero”, aseguró, añadiendo que el gobierno ya no representa un club de privilegiados, sino la totalidad de la población, desde los estudiantes hasta los pueblos indígenas y las mujeres.
Con reconocimiento a la labor de las Fuerzas Armadas, la presidenta recordó su origen revolucionario y exhortó a sus integrantes a mantener la lealtad al pueblo y el amor a la patria. Felicitó a los oficiales de Marina y Defensa Nacional por su dedicación y contribución a la seguridad nacional.
Al concluir, Sheinbaum dejó claro que, cuando el pueblo camina guiado por sus principios, “nada lo puede detener” y que México avanza con dignidad, honestidad y memoria.