Según los datos publicados por la Bolsa Mexicana de Valores, el tipo de cambio promedio del dólar en la sesión del 25 de noviembre se ubicó en 18,46 pesos, una caída de 0,23 % respecto a la sesión anterior, cuando cotizaba a 18,50. Este ajuste representa un respiro para los acreedores y un alivio para los ciudadanos que dependen de importaciones.
El impulso detrás de la apreciación del peso se evidencia en el informe de ventas minoristas de México. En septiembre, las ventas en tiendas físicas y en línea aumentaron un 3,3 % anual, superando la cifra previa de 2,4 %. De forma destacada, el comercio electrónico creció un 23,8 %, mientras que los electrodomésticos y los vehículos de motor también registraron incrementos significativos.
En Estados Unidos, las ventas minoristas mostraron una subida mensual del 0,2 % en septiembre, quedando debajo de la expectativa del 0,4 %. Además, la inflación al productor se mantuvo en 0,3 % mensual, después de una contracción de 0,1 % el mes anterior, lo cual es coherente con las proyecciones del mercado y con la política monetaria que se espera en la próxima reunión de la Reserva Federal.
El análisis de Grupo Bursátil Mexicano (GBM) destaca que, pese a las incertidumbres macroeconómicas, México se posiciona como una opción atractiva frente a otros mercados emergentes. La percepción de una gestión económica moderada y pragmática ha reforzado la confianza de los fondos internacionales, que ven al país como un destino preferido en Latinoamérica.
Al mismo tiempo, la posible renegociación del T-MEC y la preocupación por aranceles del 30 % que podrían imponerse a productos mexicanos y europeos, sin incluir los 25 % sobre el sector automotriz, han reavivado las especulaciones sobre la balanza comercial con Estados Unidos.
Las proyecciones de GBM para la economía mexicana indican un crecimiento limitado de 0,5 % para este año, con un escenario más favorable en el segundo semestre. Los sectores de consumo, tecnología, salud y fintech muestran resiliencia y potencial de expansión, mientras que la recuperación de la confianza del consumidor y la integración de tecnologías de inteligencia artificial en la infraestructura financiera abren oportunidades para los inversionistas.
No obstante, persisten riesgos estructurales: la generación de empleo formal se ha moderado, la subocupación ha aumentado y los flujos de remesas podrían verse afectados por cambios en la política migratoria de Estados Unidos. Estos elementos configuran un entorno de volatilidad externa y ajustes institucionales internos que marcarán el cierre de 2025 para la economía mexicana.