Al abrir la sesión, el tipo de cambio se situó en 18,29 pesos por dólar, una cifra que, aunque apenas se desplazó, indica que la moneda local experimenta una ligera recuperación frente a la divisa norteamericana. La variación, de apenas 0,07 %, se compara con los 18,31 pesos que cerró la anterior jornada, según el informe publicado por Dow Jones.
El descenso se explica en gran parte por la expectativa de los inversores respecto a la próxima publicación de la Encuesta Sobre Ofertas de Empleo y Rotación Laboral (JOLTS) en Estados Unidos. Este indicador, que informará al Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de la Reserva Federal, será determinante para ajustar las expectativas sobre la normalización de la política monetaria.
Según el análisis de Monex, los operadores están aguardando con atención los resultados de JOLTS, pues un rendimiento robusto del mercado laboral estadounidense podría empujar al dólar hacia una trayectoria más fuerte. A la par, Grupo Bursátil Mexicano (GBM) ha resaltado que, a pesar de la incertidumbre global, México mantiene una posición sólida entre las economías emergentes, lo que ha atraído la mirada de fondos internacionales.
El escenario comercial también se ve influido por las recientes advertencias de Estados Unidos sobre la imposición de aranceles del 30 % a productos mexicanos y europeos, sin incluir los ya establecidos 25 % al sector automotriz. Estas especulaciones han generado inquietud entre los inversionistas sobre la posible revalorización de las tarifas de exportación mexicana hacia el mercado norteamericano.
En este contexto, la posible revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T‑MEC) adquiere un peso estratégico. Aunque el proceso formal aún no ha iniciado, la renegociación podría abrir nuevas oportunidades, especialmente frente a competidores asiáticos y favorecer la consolidación de México como destino preferente para la relocalización de cadenas productivas.
Las proyecciones de crecimiento económico, según GBM, apuntan a un aumento de 0,5 % para este año, con una perspectiva más favorable en el segundo semestre. Sectores como consumo, tecnología, salud y fintech han demostrado resiliencia y se espera que impulsen la inversión, apoyados por programas público‑privados como el “Plan México” y por la tendencia a la baja de las tasas de interés.
No obstante, persisten riesgos estructurales. La generación de empleo formal se ha moderado, mientras la subocupación ha aumentado, limitando la absorción del mercado laboral. Asimismo, los flujos de remesas, aunque robustos, podrían verse afectados por cambios en la política migratoria de Estados Unidos. Estos factores configuran un entorno de volatilidad externa y ajustes institucionales internos que marcarán la evolución de la economía mexicana hacia finales de 2025.
