El CFP, respaldado por universidades de prestigio nacional, pretende reconocer de manera tangible las competencias laborales que los jóvenes adquieren durante su formación técnica o tecnológica, facilitando así su ingreso al sector productivo o su transición a estudios superiores.
Para que este nuevo certificado sea efectivo, la Secretaría planea reestructurar la infraestructura escolar. Se prevé la creación de aulas articuladas con los principios de la Nova Escuela Mexicana y la incorporación de espacios que favorezcan procesos formativos integrales e inclusivos, como laboratorios, zonas de investigación y áreas de cómputo.
En cuanto a la cobertura, Delgado explicó que el objetivo presidencial es atender el 85 % de la demanda estimada en 120 mil plazas de bachillerato. Hasta la fecha, gracias a la construcción de 20 planteles nuevos, 33 ampliaciones y 35 reconversiones, se han generado 37 mil espacios adicionales, representando el 37 % de la meta total.
Mirando al futuro, la Secretaría ha trazado un plan ambicioso para 2026: 20 nuevos bachilleratos tecnológicos, 52 ampliaciones y 130 ciberbachilleratos, sumando 65 mil 400 lugares adicionales. Este impulso se alinea directamente con el nuevo modelo curricular y la necesidad de capacitar a los jóvenes en áreas técnicas y tecnológicas relevantes.
La subsecretaria de Educación Media Superior, Tania Rodríguez, enfatizó la importancia de un enfoque integral que combine pensamiento científico, visión humanista y sensibilidad artística. La renovación de los programas y rutas formativas también busca adaptar las carreras a las demandas industriales y de servicios de cada región, reforzando la empleabilidad de los estudiantes.
Especial atención se ha puesto en los bachilleratos tecnológicos agropecuarios y ambientales, especialmente en zonas rurales, donde se están actualizando programas y estructuras para ofrecer una oferta educativa pertinente y alineada con el nuevo modelo del bachillerato nacional.