Esta tradición se pone a prueba con cada crisis regional. Cuando la situación en Venezuela alcanza niveles de tensión y la comunidad internacional vuelve a enfocarse en el país, México se ve obligado a decidir cómo responder sin comprometer su principio histórico.
Recientemente, el Premio Nobel de la Paz fue otorgado a la dirigente venezolana María Corina Machado, una decisión que generó un debate intenso en la región y en el mundo. La distinción, que reconoce su trayectoria en la lucha por la democracia, también ha puesto bajo el escrutinio la política exterior de los gobiernos que defienden la no injerencia.
En medio de las preguntas sobre su postura respecto a la condecoración, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo optó por no comentar directamente sobre el premio. En cambio, recordó la trayectoria de México en materia de no intervención, enfatizando que el país continuará defendiendo los principios constitucionales que guían su política exterior.
“La última vez que me preguntaron dije sin comentarios, pero México siempre va a defender la autodeterminación de los pueblos, la no invasión, la no injerencia y la decisión de los pueblos de tener a los gobiernos que decidan los propios pueblos”, afirmó la mandataria.
Sheinbaum subrayó que la situación venezolana requiere prudencia diplomática y que México seguirá impulsando el diálogo como vía para la resolución de conflictos. “Por la situación que está viviendo Venezuela, nuestra opinión siempre va a ser la misma: no intervención, el diálogo para poder resolver cualquier conflicto. La solución pacífica de las controversias, como lo dice nuestra Constitución, y la autodeterminación de los pueblos, siempre será esa nuestra posición”, concluyó.
El gobierno ha reiterado, en diversas ocasiones, que seguirá apegado a estos principios, incluso ante presiones internacionales que busquen posicionamientos más contundentes. La postura mexicana permanece firme, centrándose en la diplomacia prudente y en la defensa de la soberanía de los pueblos latinoamericanos.