Juristribuir las estadísticas muestra que Jalisco, Estado de México, Tamaulipas, Veracruz y Nuevo León concentran el 44 % de los casos, mientras que la península del Caribe recordaría una reciente escalada en Aguascalientes y también un 14 % de incremento en Querétaro.
Este escalofrío de datos encontró su eco en las calles de la CDMX, donde alrededor de 13 millones de peregrinos se congregaron en la plaza de la Basílica de Guadalupe para celebrar el Día de la Virgen. Sin embargo, bajo el canto de miles de rosarios y la lluvia de velas, se gestó una movilización mucho más íntima: una travesía que partió del metro Coyuya, en la alcaldía Iztacalco, y se extendió a lo largo de la madrugada hasta el santuario guadalupano.
El colectivo “Una Luz en el Camino” reunió a unos veinte buscadores —madres y padres de distintos estados — ante el tren del sur, marcando el inicio de la marcha con carteles pintados con fotos de sus seres queridos. Entre la distancia de unos 48 kilómetros, las familias atravesaron barrios, estaciones y avenidas, manteniendo en cada paso la luz de la esperanza, y compartiendo frases de aliento como si fueran faros en medio de la noche.
Al llegar a la Basílica, cada participante desplegó veladoras, playeras y lonas donde sobresaliaban los rostros de las personas aún desaparecidas, junto con las que ya fueron encontradas y rescatadas en el año anterior. La ceremonia, acompañada de rezos y de canciones tradicionales, constituyó un espacio de agradecimiento para quienes lograron la pista y de súplica para los que todavía buscan una respuesta.
Entre las personas que desembarcaron en la plaza, quienes más se alinearon con la causa fueron aquellas cuya relación de búsqueda se ha prolongado a más de cinco años, y se vio reflejada la solidaridad de una comunidad que, pese a las estadísticas y al silencio institucional, sigue creyendo en la posibilidad de un final feliz.
Mientras la noche avanzaba y la última imagen del sol se derribaba sobre la cúpula de la Basílica, la comunidad de “Una Luz en el Camino” cerró la jornada con la certeza de que, a veces, la fe y la esperanza se convierten en la luz más persistente frente a la oscuridad de las desapariciones. El recorrido, más que un acto simbólico, fue un recordatorio palpable de que la lucha continúa, aun cuando el reloj de la ciudad marca el amanecer y cada minuto cuenta en el camino hacia la verdad.