En la apertura de la negociación del jueves 15 de diciembre de 2025, el dólar se cotizó a 17,99 pesos al promedio de la jornada. Esta cifra marca una baja de apenas 0,14 % con respecto al cierre del día previo, cuando el tipo estaba en 18,02 pesos. Con esta nueva cotización, el billete estadounidense alcanza su nivel más bajo en casi un año y medio, el cual no se había visto tan barato desde julio del año pasado.
El registro de valor en los últimos siete días revela una caída del 1,5 %, mientras que su descenso acumulado desde hace un año llega al 12,25 %. Además, la volatilidad durante el último período semanal se encuentra significativamente por debajo de la media del año, lo que indica un comportamiento más estable, a diferencia del temido rango de fluctuaciones que han caracterizado la moneda entre la pandemia y el presente.
Según el último análisis financiero del Grupo Monex, este retroceso del dólar responde a la incesante reducción en las demandas de la moneda norteamericana, un fenómeno alimentado por los rumores de posibles endurecimientos en la política monetaria estadounidense. La Reserva Federal (FED) mantiene su atención sobre una serie de reuniones de política de la próxima semana, donde se anticipan comentarios de distintos funcionarios que podrían reforzar las expectativas de los inversionistas sobre el futuro rumbo de las tasas de interés.
En México, la balanza comercial se ha visto influida por los recientes acuerdos sobre la disputa del agua con Estados Unidos, lo que ha mitigado parte de las tensiones bilaterales. A su vez, la Casa de Bolsa Grupo Bursátil Mexicano (GBM) ha señalado que, pese a la persistencia de ciertos riesgos, el país mantiene una posición sólida en relación a otras economías emergentes.
En la misma línea, GBM destaca que el desempeño de México frente a otros mercados emergentes sigue siendo favorable, incluso en un panorama macroeconómico cargado de incertidumbre. Las decisiones comerciales del expresidente Donald Trump y la narrativa de una política económica más moderada y pragmática han fomentado la percepción de estabilidad por parte de los fondos internacionales, que ven al país como un destino de referencia dentro de América Latina.
Sin embargo, la amenaza de aranceles en el rango del 30 % sobre productos mexicanos y europeos, además de los aranceles sectoriales como el 25 % sobre el sector automotriz, ha reavivado la especulación entre los inversionistas. La posibilidad de un aumento en los costos de exportación a Estados Unidos generó inquietud entre los que observan el potencial efecto en la competitividad de las empresas mexicanas.
Estas tensiones resuenan especialmente en el marco de la futura revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T‑MEC). Aunque el proceso formal no ha iniciado, la renegociación del acuerdo se percibe como una estrategia para abrir nuevas puertas frente a competidores asiáticos y reforzar la posición de México como destino de relocalización de cadenas productivas.
Los analistas de GBM pronostican una modestia en el crecimiento económico para el año en curso, con una estimación de 0,5 %. No obstante, señalan que las condiciones para el segundo semestre deberían volverse más favorables, ya que la inversión pública y privada podrían encontrar dinamismo gracias a programas de colaboración público‑privada como el “Plan México” y la tendencia a la baja en las tasas de interés, factores que ofrecen un estímulo adicional a la actividad productiva.
Aun cuando sectores como consumo, tecnología, salud y fintech han mostrado resiliencia, el país enfrenta desafíos estructurales que siguen presentes. El empleo formal ha mostrado patrones moderados y la subocupación ha crecido, limitando la absorción del mercado laboral. Además, los flujos de remesas, aunque elevados, podrían cambiar si se alteran las políticas migratorias estadounidenses.
En síntesis, el entorno económico mexicano se presenta como un escenario complejo, donde los cambios en la relación peso‑dólar y las decisiones de políticas externas e internas, particularmente en materia de comercio y tasas de interés, siguen definiendo la vía a seguir. La próxima ronda de discusiones con respecto al T‑MEC y la posible evolución de la postura de la FED podrían ser determinantes para el cierre de 2025 y el rumbo que tome la economía en el futuro cercano.