Sheinbaum explicó que su postura en relación con el régimen cubano permanece igual que lo ha sido durante décadas, sin que eso distorsione las relaciones bilaterales con los Estados Unidos.
«Esta relación siempre ha sido una diferencia entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de México», declaró la presidenta. «No tiene por qué influir en las relaciones México‑Estados Unidos, y nuestra posición es soberana, es una decisión, y tiene que ver mucho con el humanismo que representamos». Además, recordó que los pueblos no deben sufrir por decisiones políticas externas y que México no cambiará su política exterior frente a Cuba.
El contexto no es desconocido para la administración. Apenas ayer, la subsecretaria adjunta del Departamento de Estado de EE. UU., Katherine Dueholm, y la congresista republicana María Elvira Salazar criticaron el apoyo que la gubernamental de Sheinbaum otorga a la dictadura cubana y venezolana. Dueholm llamó “desafortunadamente” al apego de la política exterior mexicana a la no intervención, y calificó la posición de México de “contradictoria” frente a los valores estadounidenses. Salazar, por su parte, sostuvo que la entrega de 55 petroleros de alto valor a Cuba representó una violación del Tratado México‑Estados Unidos y Canadá (T‑MEC) y, según ella, “es esclavitud”.
Sheinbaum puntualizó que su gobierno no busca el conflicto, sino el mejor acuerdo posible manteniendo principios de no intervención e injerencismo. En referencia al T‑MEC, agregó que la oficina comercial estadounidense, la Oficina del Representante Comercial de EE. UU. (USTR), se mostró apoyando el tratado como “buen” aunque con correcciones necesarias. La presidenta concluyó que la soberanía mexicana y la ética humanista guían la política exterior hacia la estabilidad y la cooperación, independientemente de las críticas externas.