En un inusual ejercicio de autocrítica institucional, la fiscal general de la República, Ernestina Godoy Ramos, lanzó una advertencia que resuena en todo el país: el delito de extorsión no solo no ha bajado, sino que las autoridades ni siquiera han logrado frenar su crecimiento. Durante el Encuentro Nacional de Fiscalías en la Ciudad de México, la funcionaria describió un panorama donde el crimen organizado se adapta con mayor velocidad que el propio Estado.
La narrativa de Godoy fue honesta sobre el contraste que vive la estrategia de seguridad nacional. Mientras subrayó que delitos como el homicidio doloso han mostrado una tendencia a la baja bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, admitió que la extorsión es "el negrito en el arroz" que continúa lacerando a familias, comerciantes y emprendedores. La fiscal enfatizó que este fenómeno ya no se limita a la amenaza en la calle, sino que ha mutado hacia sofisticadas redes digitales y telefónicas que operan cruzando fronteras municipales y estatales sin resistencia efectiva.
Para la titular de la FGR, la raíz del problema no es solo la falta de tecnología, sino la falta de una "voluntad real" de trabajar en equipo. Godoy fue incisiva al señalar que, mientras las fiscalías estatales y federales sigan operando como islas, la delincuencia seguirá encontrando grietas para actuar. "Si queremos resultados distintos, necesitamos trabajar de manera distinta", sentenció ante los responsables de investigar el secuestro y la extorsión en el país, a quienes urgió a construir una respuesta de Estado firme y permanente.
El llamado al cierre de la reunión fue directo: menos acuerdos en papel y más coordinación operativa. La fiscal propuso una estrategia basada en inteligencia financiera y herramientas modernas para golpear donde más le duele a las estructuras criminales. La meta, según Godoy, es enviar un mensaje de cero tolerancia para que la enorme "cifra negra" de casos que no se denuncian por miedo comience a disminuir, recuperando así la confianza de una sociedad que hoy se siente vulnerable frente al teléfono o en la puerta de su negocio.