En un escenario cargado de simbolismo, la presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó el 109° aniversario de la Constitución de 1917 para enviar un mensaje contundente, no solo a la nación, sino al ocupante de la Casa Blanca. Con la mirada puesta en las recientes tensiones con el gobierno de Donald Trump, la jefa del Ejecutivo mexicano sentenció: “México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende”.
El discurso, pronunciado en Querétaro, ocurre en un momento de altísima fricción diplomática. Las presiones de Washington han forzado decisiones complejas en meses recientes, desde el despliegue de 10 mil soldados en la frontera y la entrega de casi un centenar de capos sin procesos de extradición, hasta la polémica cancelación de envíos de petróleo a Cuba. Ante este panorama, Sheinbaum dio lectura a la nueva reforma del artículo 40 constitucional, un blindaje legal que prohíbe explícitamente cualquier tipo de injerencia externa que atente contra la integridad o el territorio mexicano.
Pero la agenda de la mandataria no solo se centró en la defensa exterior. Con los poderes de la Unión como testigos, Sheinbaum aseguró que el país ha dejado atrás el régimen de privilegios y que la "Cuarta Transformación" ha devuelto su esencia social a la Carta Magna. En una noticia que impacta directamente en el bolsillo y la vida de millones, la presidenta confirmó que la reforma para reducir la jornada laboral a 40 horas será aprobada en breve y aplicada de manera gradual.
Al cierre de la ceremonia, la presidenta defendió la soberanía nacional sobre los recursos naturales y la independencia política de México, advirtiendo que el país no se convertirá en protectorado de ninguna potencia. Entre la defensa de la patria y las promesas de justicia social, Sheinbaum marcó una línea roja clara: aunque la cooperación internacional es necesaria, el respeto a la dignidad del pueblo trabajador es, para su gobierno, innegociable.