En un estado históricamente marcado por los desafíos del crimen organizado, el "Plan Michoacán" comienza a arrojar cifras que el gobierno federal califica como históricas. La presidenta Claudia Sheinbaum presentó un balance de esta estrategia integral, destacando que el promedio diario de homicidios dolosos descendió de 4.1 en 2024 a 3.5 en 2025. Según los datos oficiales, esta reducción del 15 por ciento no es una coincidencia pasajera, sino que posiciona al último año como el de menor incidencia delictiva en los últimos diez años dentro de la entidad.
La génesis de este plan se remonta a un momento crítico: el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo. Aquel evento lamentable obligó a una reingeniería en la coordinación entre el gobierno estatal y las fuerzas federales. Marcela Figueroa Franco, titular del Secretariado Ejecutivo, enfatizó que los resultados actuales son fruto de un trabajo sostenido y no de variaciones coyunturales, atribuyendo el éxito a la presencia de operativos inteligentes y una fuerte inversión en programas de atención social en las zonas de mayor conflicto.
Por su parte, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, respaldó la narrativa con resultados operativos acumulados desde octubre de 2024 hasta principios de 2026, subrayando que la lucha contra la delincuencia en Michoacán ha pasado de la reacción a la prevención. Sheinbaum fue enfática al señalar que este no es un esfuerzo de corto plazo; el compromiso es mantener esta intervención de manera ininterrumpida hasta el año 2030, enfocándose especialmente en rescatar a los jóvenes de las garras de la violencia mediante oportunidades educativas y laborales.
El Plan Michoacán trasciende las patrullas y las detenciones, involucrando a dependencias como la CFE, el IMSS, el ISSSTE y la SEDATU para inyectar infraestructura y servicios en las comunidades más vulnerables. Al integrar el desarrollo urbano con la seguridad pública, la administración de Sheinbaum busca que la paz en Michoacán deje de ser una meta estadística para convertirse en una realidad cotidiana, fundamentada en la recuperación del territorio y el bienestar integral de sus habitantes.