El proceso de revisión del T-MEC ha entrado en una fase decisiva con señales de optimismo. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, confirmó que las consultas nacionales en México y Estados Unidos arrojaron un consenso claro: empresas, sindicatos e industrias desean mantener el tratado, pero exigen perfeccionar cláusulas clave para adaptarlas a la realidad actual. Según el funcionario, el mandato es dar continuidad al acuerdo trilateral, despejando los rumores sobre una posible ruptura y enfocándose ahora en una agenda técnica de mejora regulatoria.
Durante su reciente gira por Washington D.C., Ebrard sostuvo reuniones estratégicas con Jamieson Greer (Representante Comercial de EE. UU.) y Howard Lutnick (secretario de Comercio). Los puntos centrales de la negociación fueron los aranceles impuestos por el gobierno de Donald Trump. México busca revertir los gravámenes al acero y al aluminio, calificándolos como "disfuncionales" para la cadena de suministro norteamericana, y persigue una alineación arancelaria en el sector automotriz para evitar desventajas competitivas y asegurar que las reglas del juego sean homogéneas para los tres socios.
Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum dio un mensaje de tranquilidad el pasado 11 de febrero, asegurando que en sus comunicaciones directas con la Casa Blanca no ha habido indicios de que Estados Unidos pretenda abandonar el pacto. Además, la mandataria dejó abierta la puerta a una posible extensión del tratado por 16 años, una propuesta que será evaluada conforme avancen los diálogos formales. Con el documento de la consulta nacional listo para ser presentado, México se posiciona con una estrategia clara: proteger su industria nacional mientras fortalece la integración comercial de la región.