En una firme postura durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum negó rotundamente que su gobierno mantenga alianzas o complicidades con el narcotráfico o el crimen organizado. La mandataria respondió así a las recientes publicaciones de Julio Scherer Ibarra en su obra "Ni venganza ni perdón", donde se vincula a Jesús Ramírez Cuevas, actual coordinador de asesores, con una red de contrabando de combustible. Ante estos cuestionamientos, Sheinbaum exigió la presentación de pruebas tangibles y reiteró su total confianza en Ramírez Cuevas, a quien describió como un colaborador culto y leal al movimiento desde su juventud.
La mandataria evitó profundizar en las acusaciones de Scherer, quien fuera consejero jurídico en el sexenio anterior, y prefirió desviar la atención hacia la falta de investigaciones sobre figuras del pasado como Genaro García Luna. Para la jefa del Ejecutivo, no existe necesidad de iniciar procesos judiciales basados en estas declaraciones literarias, sugiriendo que las críticas provienen de sectores a los que no les agrada el perfil de su equipo cercano. Por su parte, legisladores de Morena calificaron los dichos de Scherer como poco atinados y motivados por el "ego", adelantando que se le podría invitar al Senado para que sustente sus palabras.
Desde la oposición, el panorama se percibe con mayor gravedad. Ricardo Anaya, coordinador del PAN en el Senado, advirtió que la omisión de una investigación profunda sobre el presunto uso de dinero del crimen organizado en campañas políticas sería un acto de complicidad. Según el bloque opositor, en cualquier nación democrática, revelaciones de este calibre por parte de un exalto funcionario deberían desencadenar acciones legales inmediatas. Mientras el debate escala en el Poder Legislativo, la presidencia mantiene su política de defensa interna, cerrando filas frente a los señalamientos de corrupción fiscal y nexos delictivos.