El Papa León XIV recibió este lunes, por primera vez, a la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, máxima autoridad de la Iglesia anglicana, en una reunión privada celebrada en el Palacio Apostólico. El encuentro, que forma parte de una peregrinación de cuatro días de la líder anglicana, tuvo como eje central el llamado a la unidad entre los cristianos ante "un mundo que sufre y necesita urgentemente la paz de Cristo".
Mullally, la primera mujer en alcanzar el primado de la Iglesia anglicana en sus casi quinientos años de historia, fue proclamada líder del anglicanismo mundial el 25 de marzo, representando a 97 millones de fieles. Su visita a Roma coincidió con la ausencia de la histórica audiencia del 23 de octubre de 2025, cuando el rey Carlos III del Reino Unido y el Papa se reunieron en la Capilla Sixtina para una oración ecuménica.
Durante la audiencia, el Pontífice abrió su alocución subrayando que los cristianos deben ser "mensajeros de su paz", recordando que Jesús respondió a la violencia de forma desarmada. Reconoció también los avances en temas históricamente divisivos, pero advirtió que "nuevos problemas" dificultan el discernimiento del camino hacia la plena comunión.
Sarah Mullally respondió con un tono similar, declarando: "En el mundo actual, estamos llamados a vivir y predicar el Evangelio con renovada claridad. Ante la violencia inhumana, la profunda división y los rápidos cambios sociales, debemos seguir contando una historia más esperanzadora". Añadió que es necesario "trabajar juntos por el bien común, construyendo siempre puentes, nunca muros; que los más pobres entre nosotros son los más cercanos al corazón de Dios; y que las fuerzas de la muerte son vencidas por la vida resucitada de Cristo".
Posteriormente, ambos líderes se trasladaron a la Capilla Urbano VIII, dentro del mismo palacio, para un momento de oración conjunta, según informó la Iglesia Anglicana. La arzobispa también emitió un comunicado de solidaridad con el Papa, calificando su mensaje como "valiente llamado al reino de la paz" y señalando que "los costos de la guerra son incalculables".
El encuentro subraya la creciente disposición de ambas tradiciones a superar diferencias históricas –como la falta de reconocimiento papal por parte de los anglicanos y la ordenación de mujeres – y a buscar una comunión más profunda en medio de los desafíos globales.