La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha intensificado sus acciones en la Ciudad de México a pocos días del inicio del Mundial 2026, generando preocupación entre los organismos de seguridad que deben garantizar la fluidez del evento.
Según fuentes de la Secretaría de Seguridad Pública, los bloqueos, plantones y marchas del magisterio han afectado avenidas principales y rutas de acceso a hoteles, aeropuertos y zonas de concentración de aficionados. La interrupción de estos corredores de movilidad, aunque no llegue a los estadios, podría desencadenar crisis logísticas para la llegada de turistas, delegaciones y equipos.
El gobierno federal mantiene mesas de diálogo con la CNTE, pero la reciente instalación de campamentos y la paralización de calles del Centro Histórico demuestran que el conflicto puede escalar en la ventana de máxima exposición internacional. Las autoridades señalan que la CNTE se ha convertido en un "nuevo factor de riesgo" que se suma a la agenda ya saturada de combate al crimen organizado, prevención de trata de menores, vigilancia antiterrorista y control de multitudes.
Además, el país debe enfrentar la amenaza de barras rivales, cuya violencia en mundiales anteriores ha provocado disturbios, vandalismo y enfrentamientos racistas. El antecedente de los choques entre barras de Querétaro y Atlas en 2022 sigue vigente como referencia para la planificación de seguridad.
La FIFA exige a los organizadores la prevención de conductas violentas y discriminatorias dentro y alrededor de los estadios. En este contexto, la CNTE representa una amenaza de orden público capaz de empañar la narrativa de bienvenida al Mundial con imágenes de caos vial y confrontaciones en zonas estratégicas de la capital.
Las autoridades locales y federales están reforzando el blindaje de rutas críticas, incrementando la presencia policial en puntos de tránsito y coordinando con agencias internacionales para mitigar cualquier eventualidad que pueda afectar la imagen de México como anfitrión del torneo.