La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T‑MEC) se encuentra en una situación de incertidumbre, pues los tres países parecen encaminados a prolongar las negociaciones más allá del plazo límite del 1 de julio de 2026. De no alcanzarse un acuerdo de extensión formal, el tratado permanecerá vigente hasta 2036, pero se activará un proceso de revisiones anuales que mantendrá a la región en un clima de inseguridad jurídica.
El T‑MEC, que sustituyó al TLCAN en 2020, incluye una cláusula de revisión cada seis años. La próxima fecha de renovación exige que México, EE. UU. y Canadá acuerden una extensión de 16 años. Sin embargo, la administración estadounidense ha optado por conversaciones bilaterales con México y Canadá, en lugar de negociaciones trilaterales, lo que complica la consecución de un consenso.
Entre los puntos más controvertidos está la propuesta de EE. UU. de elevar a un 80 % el contenido regional obligatorio en los productos manufacturados dentro del bloque, con al menos el 50 % de ese contenido proveniente de origen estadounidense. La medida retoma discusiones iniciadas durante la primera negociación del T‑MEC y ha generado resistencia en México y Canadá.
Otros temas de fricción incluyen el sistema canadiense de administración del mercado lácteo, las exigencias de compras estratégicas como aviones de combate y las recientes tarifas sobre automóviles y acero que han tensionado las relaciones comerciales.
Especialistas advierten que una revisión prolongada podría desalentar nuevas inversiones, particularmente en México y Canadá, al no contar con certeza jurídica sobre las condiciones comerciales futuras. Con un intercambio comercial que supera los dos billones de dólares anuales, la estabilidad del T‑MEC es crucial para la competitividad de América del Norte.
El futuro del tratado dependerá de la disposición de los tres gobiernos para alcanzar acuerdos que preserven la integración económica y mantengan la región como una de las áreas comerciales más importantes del mundo.