El 7 de junio de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo llegó a la presentación de Olinia uno, el primer automóvil eléctrico desarrollado íntegramente en México, conduciéndolo personalmente. El evento, realizado en Zumpango, Estado de México, marcó el anuncio oficial del vehículo a tan solo cuatro días del inicio del Mundial 2026.
Olinia nació de la iniciativa de la mandataria y de la coordinación del científico Roberto Capuano Tripp, con el objetivo de que México deje de ser un mero observador de la transición tecnológica mundial y asuma un rol de liderazgo basado en sus propias capacidades. El proyecto contó con la colaboración de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación (SECIT), el TecNM, el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Secretaría de Medio Ambiente, la Secretaría de Energía, LitioMX y la Comisión Federal de Electricidad, entre otras instituciones.
El gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, apoyó la instalación del centro de ingeniería en su estado, mientras que la gobernadora de México, Delfina Gómez, respaldó la visión industrial del proyecto. La infraestructura de recarga se desarrolló en conjunto con la CFE y una planta de LitioMX.
Olinia uno transporta hasta seis personas, incluye accesibilidad para usuarios de silla de ruedas, puertas amplias, piso bajo, vidrios eléctricos y barra de techo para carga adicional. Técnicamente, posee un motor eléctrico de 13.5 kW con torque inmediato, protección IP67 contra agua y polvo, y una batería de 14.7 kWh que brinda más de 125 km de autonomía. El costo de operación es de 0.49 USD por kilómetro, cinco veces menor que un auto de gasolina, y la recarga puede realizarse en cualquier enchufe doméstico o comercial.
Sheinbaum subrayó que Olinia representa “la creatividad, innovación y el conocimiento de los jóvenes mexicanos” y que es la semilla de un nuevo sistema de innovación que impulsará carreras y sectores como baterías, software, inteligencia artificial, diseño industrial y energías limpias. El proyecto ejemplifica una economía mixta donde universidades, centros de investigación, gobierno y sector privado colaboran para crear soluciones tecnológicas nacionales.