El Estadio Azteca, sede de la ceremonia inaugural del Mundial 2026, se encuentra rodeado por un operativo policial sin precedentes y por manifestantes de la CNTE, a tan solo dos días del inicio del torneo.
Según fuentes oficiales, más de 10,000 elementos de seguridad, entre policías federales, guardias nacionales y unidades antidisturbios, patrullan las inmediaciones del recinto. Simultáneamente, la CNTE ha concentrado a varios miles de docentes y simpatizantes en la Calzada de Tlalpan, exigiendo al gobierno de la Ciudad de México la apertura de negociaciones salariales y la atención a demandas laborales.
Las autoridades locales, encabezadas por la presidenta Claudia Sheinbaum, han declarado que el objetivo del operativo es “garantizar la seguridad de los asistentes y trabajadores” y evitar enfrentamientos que puedan empañar la imagen del país ante la comunidad internacional.
Desde la madrugada, los accesos al estadio y a sus alrededores han sido restringidos; el transporte público ha sido desvíado y varios servicios comerciales se encuentran suspendidos. La CNTE, por su parte, ha señalado que su protesta, iniciada a principios de junio, busca aprovechar la exposición mundial del evento para presionar al gobierno, al que acusa de “tener los oídos sordos”.
El gobierno ha asegurado que no se empleará la fuerza para dispersar a los manifestantes, pero ha advertido que cualquier intento de bloquear la zona del estadio será tratado con la fuerza necesaria para preservar el orden público.
Con la mirada del mundo puesta en la capital mexicana, la ciudad vive una atmósfera de máxima alerta. La inauguración del Mundial 2026 se desarrollará bajo estrictas medidas de seguridad, mientras la tensión entre manifestantes y autoridades continúa en aumento, dejando en el aire la expectativa de cómo evolucionará la situación en las próximas horas.