La revisión del T‑MEC podría extenderse más allá del calendario original, abriendo la puerta a condiciones más ventajosas para México, según el Dr. Gerardo Herrera, académico de la Universidad Iberoamericana.
El especialista señala que la actual administración estadounidense, encabezada por Donald Trump, prioriza intereses internos y utiliza la negociación como herramienta política, no como estrategia de integración económica. Por ello, la obtención de un acuerdo comercial definitivo que beneficie ampliamente a México se vuelve compleja.
“No va a haber un tratado efectivo este año. Vamos a seguir en el jaloneo y en la negociación. Va a ser una negociación larga, va a ser una negociación difícil y no va a ser una negociación rápida”, afirmó Herrera.
Trump ha cuestionado repetidamente los beneficios del libre comercio y ha insinuado modificaciones profundas al acuerdo, incluso la posibilidad de que EE. UU. abandone unilateralmente el pacto. Sin embargo, el mecanismo de revisión del T‑MEC impide una ruptura abrupta: si no hay consenso para extender el tratado, se activan revisiones anuales que mantienen vigente el acuerdo, garantizando certidumbre a los socios y evitando interrupciones en las cadenas productivas del norte del continente.
Legalmente, EE. UU. no puede revocar el tratado de forma unilateral; está obligado a seguir el procedimiento establecido. Esta disposición protege a México y Canadá y permite una planificación a largo plazo para los sectores económicos involucrados.
El académico descarta la sustitución del T‑MEC por pactos bilaterales, pues ello requeriría la aprobación del Congreso estadounidense, un obstáculo considerable para la Casa Blanca. “Cada vez que una cuestión comercial de esta administración ha llegado al Congreso americano, la ha perdido”, señaló.
En lugar de buscar un nuevo acuerdo, Washington probablemente se limitará a ejercer presión mediante medidas arancelarias específicas dentro del marco de revisión actual.
Lejos de ser una amenaza, la prolongación de la revisión puede convertirse en una oportunidad para México. El ambiente electoral en EE. UU. condiciona la flexibilidad de la Casa Blanca; esperar a una etapa menos tensa podría traducirse en condiciones más favorables para el país norteamericano.
El diseño original del tratado anticipaba que la revisión de 2026 se llevaría a cabo bajo otro gobierno, pues pocos preveían el regreso de Trump al poder. Las pláticas continúan, con rondas de trabajo programadas para los próximos meses, lo que evidencia que ninguna parte pretende romper la relación comercial, sino reposicionar sus intereses dentro de un proceso que podría extenderse varios años.
La mejor estrategia para México es mantener el diálogo abierto y aprovechar el tiempo para negociar desde una posición menos presionada por la coyuntura política estadounidense. “Lo más probable hoy es que nos vayamos a revisiones anuales. Y eso podría dar espacio para alcanzar más adelante un acuerdo que resulte más favorable para México”, concluye el académico.