La segunda ronda de conversaciones preparatorias para la revisión del Tratado México‑Estados Unidos‑Canadá (T‑MEC) concluyó este miércoles en la capital estadounidense. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, confirmó que los equipos negociadores trataron temas clave como reglas de origen, seguridad económica, agricultura e industria automotriz, y que México presentó sus propuestas formales ante la delegación estadounidense encabezada por el embajador Jameson Reed.
Ebrard aclaró que el 1 de julio no es la fecha límite para cerrar el acuerdo, sino el inicio formal de la revisión. En esa fecha, México, Estados Unidos y Canadá sostendrán una reunión virtual para exponer sus posiciones oficiales y decidir entre dos opciones previstas en el texto: una extensión automática de 16 años o una prórroga de 10 años con revisiones periódicas.
La siguiente ronda presencial está programada para el 20 de junio en la Ciudad de México, donde los negociadores pasarán de posiciones generales a discutir textos concretos y contenidos más detallados.
El escenario diplomático se complica por las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump. El 10 de junio, desde la Oficina Oval, Trump afirmó que su gobierno “no sabe si lo va a renovar”, argumentando que EE. UU. no necesita los autos, la madera ni la energía de sus vecinos. El 17 de junio, durante la Cumbre del G7 en Francia, el mandatario señaló que preferiría que Estados Unidos no formara parte del T‑MEC, aunque no amenazó con abandonarlo explícitamente.
Además, Trump utilizó el foro del G7 para criticar la seguridad en México, acusando a los cárteles de controlar el país y calificando a la presidenta Claudia Sheinbaum como “una mujer muy asustada”. Sara Carter, directora de la Oficina Antidrogas de la administración Trump, advirtió que EE. UU. está enfocando sus esfuerzos en políticos mexicanos vinculados a organizaciones criminales y que ya se buscan órdenes de aprehensión contra funcionarios del Cártel de Sinaloa.
El T‑MEC no expirará hasta 2036, pero el mecanismo de revisión a seis años, activado en 2026, abre una ventana de renegociación que cualquiera de los tres países puede aprovechar o usar como presión. Cualquier parte puede retirarse del acuerdo con tan solo seis meses de preaviso.
México llega a estas negociaciones con un tratado que gestiona casi 2 billones de dólares en comercio trilateral anual, enfrentando una contraparte que combina presión comercial con un discurso de seguridad y un socio que públicamente declara no necesitar el acuerdo mientras sus negociadores siguen en la mesa. La próxima semana definirá si el diálogo avanza o si las declaraciones de Trump desde Europa marcan el tono real de lo que vendrá.