El domingo 6 de julio de 2026, la Selección Mexicana cayó 3-2 ante Inglaterra en la ronda de octavos del Mundial, lo que provocó la inmediata dispersión de cientos de aficionados que se habían congregado alrededor del Ángel de la Independencia y en diversos puntos de Paseo de la Reforma.
Ante la magnitud del flujo, el STC Metro amplió su horario de servicio hasta la 1:00 a.m., intentando absorber la salida masiva de personas. Las estaciones con mayor saturación fueron Hidalgo, Guerrero, Chabacano, Bellas Artes, Juárez y Balderas, todas ubicadas en las líneas 2 y 3. Los trenes circulaban a plena capacidad, y dentro de los vagones los seguidores entonaban consignas y ondeaban banderas tricolores para mantener el ánimo.
Aunque el marcador fue desfavorable, muchos aficionados se negaron a abandonar la zona de inmediato. Grupos intentaron regresar al Ángel de la Independencia después del primer desalojo, portando bocinas y banderas, argumentando que alcanzar los octavos de final ya constituía un logro digno de celebración. El desorden se extendió al Monumento a la Revolución, la Plaza de la Constitución y calles aledañas, obligando a las autoridades a cortar la circulación vehicular en el centro histórico.
Tras el vaciamiento de la explanada, se activó un operativo de desalojo y el personal de limpieza comenzó a recoger los desechos generados. Los puntos de dispersión incluyeron también el Zócalo y la Avenida Juárez, donde la afluencia disminuyó gradualmente a lo largo de la noche. El Metro, como principal medio de regreso, mantuvo el servicio sin interrupciones pese a las largas filas y aglomeraciones en los accesos.
Los camiones y demás unidades de transporte público operaron a máxima capacidad, con aficionados ocupando cada asiento disponible, muchos aún cantando y ondeando la bandera mexicana. El resultado del partido, con goles de Jude Bellingham (2) y Harry Kane (penal) para Inglaterra, y de Julián Quiñones y Raúl Jiménez para México, selló la eliminación del Tri, dejando a los seguidores con una mezcla de decepción y orgullo por haber llegado a octavos de final.