El tigre de Bengala Kenzo murió a causa de un disparo recibido durante el operativo de captura llevado a cabo el 2 de julio en Tepetlaoxtoc, Estado de México, según el diagnóstico preliminar de la necropsia elaborado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El informe de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM indica que la bala penetró por el párpado superior derecho, atravesó el paladar blando y provocó una broncoaspiración de sangre que desencadenó hemorragias internas letales. Además, el cuerpo presentaba otras lesiones compatibles con proyectiles, una marca de microchip y una herida lacerante de 11 cm en la cola.
Kenzo, macho de aproximadamente dos años, pesaba 116.2 kg y medía 236 cm de longitud total, aún sin haber alcanzado la madurez sexual (3‑5 años). El operativo, coordinado por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), buscaba asegurar al animal tras reportes ciudadanos de su presencia en la zona.
Según testigos, al acercarse la brigada para aplicar el dardo sedante, el tigre percibió la presencia del equipo y se dirigió hacia el veterinario encargado. Un elemento de seguridad disparó al suelo para repelerlo; el felino se retiró, regresó y, al intentar atacar al veterinario, recibió el disparo que le causó la herida mortal. Posteriormente se le aplicaron tres dardos sedantes, pero el daño ya era irreversible.
El caso ha reavivado el debate sobre los protocolos de captura de fauna silvestre y la necesidad de priorizar la vida del animal en situaciones de riesgo. Las autoridades reiteran su compromiso con la defensa de la vida silvestre y continúan la investigación, que incluirá un examen histopatológico para precisar los detalles microscópicos de las lesiones.