En los primeros meses de su gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó el regreso a cuarteles de aproximadamente 66,000 elementos del Ejército que habían sido desplegados en todo el país para labores de seguridad pública, según cifras obtenidas de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) a través de la Plataforma Nacional de Transparencia.
El retiro representa una disminución del 66 % respecto al número máximo de uniformados que el Ejecutivo federal había mantenido en las calles durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, cuando el contingente llegó a 100,226 entre 2023 y 2024 y promedió más de 84,000 militares patrullando en los seis años de su mandato.
Sheinbaum no prometió en campaña que los militares volverían a sus cuarteles, pero ha implementado una estrategia de seguridad basada en cuatro ejes: prevención, atención a las causas, inteligencia y presencia coordinada. La titular del Poder Ejecutivo ha reforzado el papel de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), encabezada por Omar García Harfuch, y ha respaldado la consolidación de la Guardia Nacional bajo mando de la Defensa Nacional.
El redireccionamiento de los despliegues militares se ha concentrado en estados considerados de alto riesgo. En Sinaloa, el Ejército mantuvo hasta febrero de 2026 11,053 efectivos para enfrentar la “narcopandemia” derivada de la disputa entre facciones del Cártel de Sinaloa tras la detención de Ismael “Mayo” Zambada. En Michoacán, zona clave del Cártel Jalisco Nueva Generación, se contabilizaron 2,743 soldados bajo la administración del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla. Otras entidades con presencia prioritaria fueron Chihuahua, Sonora, Baja California, Guerrero y Coahuila.
En contraste, la Sedena ha dejado sin despliegue militar a la Ciudad de México y a Hidalgo, indicando una política de focalización geográfica.
La institución también precisó que, además de la seguridad pública, sus elementos pueden participar en rescates, protección del medio ambiente, apoyo al Servicio Militar y en la ejecución del Plan DN‑III en caso de desastres naturales.
Con este movimiento, la administración de Sheinbaum marca una diferencia clara respecto al uso masivo de las fuerzas armadas como eje principal de la estrategia de seguridad de su predecesor, orientándose hacia una mayor coordinación civil‑militar y una presencia militar más selectiva.