El Centro de Predicción Climática (CPC) de EE. UU. informó el 13 de agosto que el fenómeno de El Niño se está fortaleciendo y que existe una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño‑invierno 2026‑2027. La NOAA, a través de su Oficina de Oceanografía y Atmosfera, estima además un 69 % de probabilidad de que el evento supere los valores históricos registrados desde 1950 en el trimestre de octubre a diciembre de 2026.
De mantenerse esta tendencia, los analistas advierten que México podría experimentar episodios de calor histórico en 2027. Las mayores anomalías de temperatura se esperan en la primavera, particularmente en abril y mayo, cuando el centro y sur del país atraviesan su periodo más caluroso antes del inicio de la temporada de lluvias. En el norte, estados como Baja California, Sonora y Chihuahua podrían registrar máximas inusuales durante los meses de verano.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) señala que los eventos de El Niño generan un efecto de calentamiento a escala global; cuando se combinan con la tendencia de largo plazo del cambio climático, el riesgo de romper récords de temperatura aumenta considerablemente. Como antecedente, 2024 fue el año más cálido registrado hasta la fecha, producto del fuerte El Niño 2023‑2024 y del calentamiento antropogénico.
La investigadora María Luisa Machain Castillo, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, explicó que el calentamiento del Pacífico ecuatorial tiene repercusiones en todo el planeta: “Los vientos alisios actúan como un motor que redistribuye el calor en la atmósfera; cuando se debilitan, se favorece el calentamiento de extensas áreas del Pacífico”.
En cuanto a las precipitaciones, los especialistas del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM indican que un El Niño fuerte suele asociarse a inviernos más húmedos en el norte y a una reducción de lluvias en la primavera y verano del centro‑sur. No obstante, investigaciones recientes sugieren que también pueden producirse eventos de lluvia extrema en determinadas regiones durante el verano, por lo que no se espera una sequía uniforme en todo el territorio.
Los escenarios climáticos deberán actualizarse a medida que se conozca la evolución de las temperaturas oceánicas, la circulación atmosférica y los patrones de lluvia en los próximos meses. Mientras tanto, autoridades y población deben prepararse para la posibilidad de temperaturas extremas y sus posibles impactos en la salud, la agricultura y el suministro de agua.