Entre los pasillos del poder, la conversación giraba alrededor del simbolismo de ese encuentro. Y fue precisamente durante la conferencia matutina de este lunes que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aprovechó la coyuntura para lanzar una crítica demoledora, sin mencionar directamente a los protagonistas al inicio, pero dibujando una estampa que dejó claro su postura: la oposición no mira hacia adelante, sino hacia atrás.
“Imagínense, va, se pone una corbata roja y va a las oficinas del PRI de Alito. No, bueno, pues ahí la llevan, síganle. Van por muy buen camino. El camino del regreso a la corrupción y los privilegios... Fox y Alito juntos: la nueva visión de la política mexicana”, expresó la mandataria, en referencia al reciente acercamiento entre Vicente Fox y Alejandro “Alito” Moreno, líder nacional del PRI.
La jefa del Ejecutivo no se detuvo en la anécdota. El verdadero trasfondo, dijo, es la crisis interna que enfrentan los partidos de oposición, reflejada en números que no les favorecen. Según Sheinbaum, tanto el PAN como el PRI registran preferencias electorales de un solo dígito —entre el 6% y el 8%—, lo que explicaría la urgencia por recurrir a figuras del pasado. “Recurren a Fox. Es el recambio generacional; o sea, se fueron para atrás porque no tienen para irse para adelante, porque sus jóvenes son estos que hoy tienen la dirigencia del PAN, muy involucrados con el cártel inmobiliario y con escándalos de corrupción”, aseveró.
La referencia no fue casual. La presidenta recordó el papel histórico del exmandatario panista, a quien definió como “un traidor a la democracia, visto por todas y todos los mexicanos; primero por el desafuero y luego por el fraude electoral del 2006”. Una caracterización fuerte que busca anclar el debate en episodios que marcaron la memoria política del país.
Del otro lado, Fox defendió su reunión con el tricolor, asegurando que forma parte de una “cruzada” en el “Alma de México” para debilitar a Morena. Sin embargo, la presidenta Sheinbaum insistió en que la alianza entre el PAN y el PRI no es un pacto nuevo ni una coincidencia ideológica momentánea. A su juicio, se trata de una alianza gestada durante el periodo neoliberal, con raíces profundas que se remontan al sexenio de Carlos Salinas de Gortari.
“Es un entramado de visión de modelo económico, de vínculos con el poder, de crecimiento de algunos grupos económicos al amparo del poder público, de privilegios y de corrupción... Los dos votaban igual, se comportaban igual. Decían que eran en realidad dos partidos, pero nosotros siempre dijimos que era el PRIAN”, explicó la mandataria, desmontando la narrativa de una oposición dividida y subrayando lo que considera una misma forma de entender el poder.
Al final, el mensaje de la presidenta fue claro y directo: lo que hoy ofrecen esos partidos es un retorno a un modelo que el país ya conoció y que, según ella, el electorado ya no quiere repetir. “Eso es lo que ofrecen al pueblo de México. Y mientras sigan ofreciendo eso, no les va a ir muy bien que digamos. Porque aquí hay proyecto de nación, allá hay regreso al pasado, y ese pasado ya lo vivimos, y no es precisamente lo que quiere el pueblo de México”, sentenció desde el podio, dejando la puerta abierta a una batalla política que apenas comienza.