Las fronteras geopolíticas se difuminan cuando los discursos de campaña electoral en potencias extranjeras comienzan a dictar la agenda de seguridad continental. En este tablero, la soberanía se convierte en un escudo discursivo frente a señalamientos que buscan capitalizar votos a miles de kilómetros de distancia.La presidenta Claudia Sheinbaum respondió a las afirmaciones del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien calificó como insuficiente la estrategia contra el crimen organizado. La mandataria atribuyó estos comentarios a la contienda electoral de noviembre en Washington y exigió que no se utilice al país como plataforma proselitista.Para contrastar los señalamientos, la jefa del Ejecutivo leyó fragmentos de un reportaje sobre un protocolo interno de la DEA que habría permitido la distribución de fentanilo en Nuevo México. Según la información citada, en un operativo habrían quedado en manos de traficantes hasta 74 mil pastillas del opioide para armar casos penales.Sheinbaum relató que en una reunión previa con el secretario de Seguridad estadounidense rechazó la idea de que las organizaciones estén fuera de control, planteando como ejes el consumo de drogas y el tráfico de armas. Esto ocurre tras la publicación de un mapa por parte de Donald Trump que cubría el territorio nacional con su bandera.Mientras un equipo de la Secretaría de Economía negocia tratados comerciales en la capital estadounidense, la presidenta envió un mensaje a los migrantes para que se acerquen a los consulados. La mandataria cerró su intervención subrayando que la soberanía nacional no es negociable bajo ninguna circunstancia política.