La narrativa de las fiestas patrias se renueva cada año, y con ella, la selección de los héroes que se honran desde el balcón de Palacio Nacional. Durante la "Mañanera del Pueblo" del 17 de septiembre, la presidenta Claudia Sheinbaum explicó las razones detrás de su arenga del 15 de septiembre, en la que omitió a Ignacio Allende para dar protagonismo a una figura históricamente relegada en este ritual: Guadalupe Victoria.La mandataria detalló que la decisión de sustituir a Allende no responde a un agravio, sino a la necesidad de limitar la extensión del Grito y, sobre todo, a la voluntad de reconocer al primer presidente de México. Sheinbaum destacó que Guadalupe Victoria, junto a Hidalgo y Aldama, fue parte de la conspiración original y, tras la caída de Morelos, se mantuvo firme en la lucha, sobreviviendo durante años en las montañas de Veracruz mientras la corona lo daba por muerto. "Es un gran héroe... entonces, pocas veces se ha gritado a Guadalupe Victoria", enfatizó.Este ajuste en el discurso oficial también sirvió para recordar el brutal destino de los insurgentes. Sheinbaum rememoró cómo Hidalgo y Allende, a pesar de sus diferencias, fueron fusilados y decapitados por el ejército realista, cuyas cabezas fueron exhibidas en la Alhóndiga de Granaditas durante once años como escarmiento para la población novohispana.Paralelamente, la conmemoración del 216 aniversario del inicio de la Independencia trajo a colación nuevas precisiones históricas. Alfredo Ávila, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, desmintió uno de los mitos más arraigados sobre la noche del 15 de septiembre de 1810: el cura Miguel Hidalgo nunca gritó "¡Viva México!" ni "¡Viva Fernando VII!". Según el académico, en aquella época "México" era exclusivamente el nombre de la capital, no el de la nación, y no existen testimonios que respalden el uso de esas frases en el llamado original a la insurrección.Estos matices históricos y las decisiones contemporáneas en el discurso presidencial demuestran que la memoria colectiva está en constante revisión. Mientras las plazas se llenan de colores patrios, la historia sigue siendo un campo de estudio vivo, donde cada Grito es también una oportunidad para revalorar a quienes forjaron la nación.