Cada 11 de diciembre, Nogales, Sonora, vive una de sus tradiciones más singulares, el paseo de la Virgen de Guadalupe en las maquinas del ferrocarril, costumbre que se originó a principios del siglo XX en esta frontera y fusiona la fe católica con la cultura del trabajo en el tren que se encuentra muy arraigada en las actividades locales, impulsada principalmente por los ferrocarrileros y sus familiares.
El ferrocarril en Nogales tiene historia desde la creación de la frontera desde 1882, sin embargo, su popularidad creció mucho más con el inicio del siglo pasado, por lo que tanto las plantillas de trabajadores, como el traslado de personas en los trenes se volvió algo cotidiano de la población fronteriza, ya que algunos de los viajes solían ser peligrosos y los que rodeaban esta forma de vida buscaron amparo y protección para ellos mismos en la Virgen de Guadalupe.
Por ese motivo, los trabajadores decidieron poner en las manos de la madre dios su oficio, convirtiendo alrededor del año 1920 la pesada maquina en un altar móvil, practica que se convirtió con el tiempo en una de las arraigadas en Nogales, colocando a la Virgen en el lugar honor, viajando rodeada de estas familias, iluminada con luces y con el sonido de la música, fuegos artificiales y el silbato característico del tren.
Este recorrido, que aún se conmemora hoy, comenzaba anteriormente en la iglesia de la Purísima Concepción, donde se encontraba en su momento la Aduana de la frontera y se extendía hacia la entrada sur de la ciudad, finalizando en lo que ahora se conoce como la colonia Petróleos, ruta que se consideraba un homenaje al gremio y a la fuerza laboral que mantuvo activa la frontera en sus primeros años.
Con el paso del tiempo y el cambio de la infraestructura ferroviaria en 1962, se estableció la ruta que ahora inicia de sur a norte, desde la estación Lomas de Nogales, así nombrada en aquellos momentos, además de que se modificó la duración del paseo, limitándose a las vías centrales de la ciudad.
En este 2025, esta arraigada tradición enfrenta nuevos retos, ya que, por cerca de 100 años, cada 11 de diciembre las familias se dan cita con el llamado de la pesada máquina, en las vías del ferrocarril, para presenciar el paso de la Santa Madre con sus decoraciones y celebrantes por el centro de la ciudad, sin embargo, el inminente cambio de esta infraestructura al oriente de la frontera pone en riesgo también la perdida de estas particulares tradiciones.