Hay ausencias que, lejos de desvanecerse con el tiempo, se transforman en una presencia constante a través del amor y la memoria colectiva. Hoy se cumplen seis años del feminicidio de Anapaola, la adolescente nogalense cuya alegría, talento para el baile y vibra bonita dejaron una marca indeleble en la frontera.En esta fecha de profundo significado, su madre, Alejandra Altamirano, ha convocado a la comunidad no a celebrar el legado de una joven que fue, y sigue siendo, sinónimo de bondad y esperanza.A través de un emotivo escrito, Alejandra compartió el sentir de una familia que ha tenido que aprender a caminar con el vacío físico, al encontrar consuelo en lo espiritual.
Fuiste y sigues siendo amor, alegría y bondad. Y aunque la vida nos pidió aprender a seguir sin ti, lo hacemos llevándote en cada paso, en cada decisión, en cada latido, reza el mensaje que hoy resuena en los corazones de quienes conocieron a la joven estudiante y bailarina.
El apoyo de la sociedad civil y los colectivos en Nogales ha sido fundamental para mantener viva la demanda de justicia y, sobre todo, para abrazar a una familia que ha convertido su duelo en un mensaje de luz. La respuesta de la comunidad ante este aniversario no es solo un acto de solidaridad, sino un recordatorio de que Anapaola sigue viva en cada rincón donde se promueva el respeto y la alegría que ella tanto amaba.Una huella imborrableAnapaola no es solo una estadística en la lucha contra la violencia de género; es el recuerdo de una hija ejemplar, una amiga entrañable y una artista que vibraba en cada paso de baile.Hoy, Nogales no solo recuerda su partida, hoy, la frontera celebra la huella de una adolescente que enseñó que el amor no se va, solo se transforma. En cada prenda amarilla y en cada pensamiento dedicado a ella, la ciudad le dice a su familia que no caminan solos.