LAUSD prohíbe celulares en escuelas: regreso a clases sin smartphones

El Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) implementa a partir del martes una prohibición total de teléfonos celulares en sus escuelas públicas. Esta decisión, aprobada en junio pasado por la junta del LAUSD, busca mejorar la concentración en clase, reducir el acoso escolar y, sobre todo, fomentar un mejor bienestar emocional en los estudiantes.
“Los estudiantes finalmente no tendrán que usar sus teléfonos móviles durante la jornada escolar, lo que les permitirá ser los niños que son,” afirmó en noviembre el superintendente del LAUSD, Alberto Carvalho. Su declaración subraya la intención principal de la medida: recuperar un espacio para la interacción social genuina entre los alumnos.
La implementación variará ligeramente entre los campus. Algunas escuelas podrían optar por guardar los teléfonos en cajas de seguridad, otras en soportes especiales dentro del aula, y otras simplemente confiarán en que los alumnos los guarden en sus mochilas. La norma es clara: los celulares deben permanecer apagados y guardados durante todo el horario escolar, incluyendo el tiempo de almuerzo. El uso de celulares dentro del recinto escolar conllevará consecuencias, incluyendo la posible confiscación del dispositivo y acciones disciplinarias.
Sin embargo, existen excepciones, como lo exigen las necesidades médicas individuales de algunos estudiantes, los planes del Programa Educativo Individualizado (IEP) o situaciones que requieren el uso de un celular para fines de traducción. Es importante recalcar que este cambio no es una iniciativa aislada del LAUSD.
El gobernador de California, Gavin Newsom, promulgó en agosto la Phone-Free School Act, una ley estatal que obliga a todos los distritos escolares a restringir el uso de smartphones en sus instalaciones. “Sabemos que el uso excesivo de teléfonos inteligentes aumenta la ansiedad, la depresión y otros problemas de salud mental, pero tenemos el poder de intervenir,” declaró Newsom. La ley busca que los estudiantes se centren en el aprendizaje, el desarrollo social y las interacciones directas, dejando a un lado la omnipresencia de las pantallas en la escuela.
La medida, sin duda, generará un periodo de adaptación tanto para alumnos como para profesores. El éxito de la prohibición dependerá de la colaboración entre la institución, los padres y los propios estudiantes, quienes tendrán que readaptar sus rutinas y formas de comunicación dentro del ambiente escolar.