Trabajadores de vuelos de deportación del ICE denuncian abusos y condiciones inquietantes

El caso de ciertas compañías contratadas por el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) para vuelos de deportación ha sacudido a varios trabajadores. Tripulantes de cabina, quienes pidieron mantener el anonimato por miedo a represalias, han descrito una realidad escalofriante. Una de ellas, a quien llamaremos "Lala", revela un panorama inquietante que va mucho más allá del simple traslado de pasajeros.
Inicialmente reclutados con la promesa de vuelos VIP, muchos tripulantes se encontraron, en cambio, en vuelos de deportación con condiciones extremadamente difíciles. “Nos dijeron que volábamos para celebridades y deportistas, pero la realidad fue muy diferente”, comenta Lala. La situación se agrava al considerar las restricciones impuestas a los deportados: esposados de pies y manos, lo que genera serios problemas de seguridad en caso de emergencia.
Los problemas van más allá de la seguridad de los pasajeros. Las aeronaves presentan fallas constantes: aire acondicionado averiado, baños fuera de servicio y, lo más preocupante, ausencia de protocolos de seguridad claros en caso de evacuación. Imaginen la dificultad de evacuar a un avión lleno de personas esposadas en caso de emergencia; “Simplemente nos dijeron: ‘Súbanse y váyanse. Salven sus vidas primero’”, relata un tripulante.
La situación se complica con la interacción con los guardias que escoltan a los deportados. Los tripulantes denuncian ser tratados como personal doméstico y que, al intentar hacer cumplir las regulaciones de seguridad de la FAA (Administración Federal de Aviación), sufren represalias. En varios casos, tripulaciones que pidieron a los guardias el uso del cinturón de seguridad o el cumplimiento de las normas sobre equipaje de mano fueron reportadas a sus superiores y posteriormente amonestadas.
El uso de aviones militares para estas operaciones cesó tras comprobarse su alto costo. Actualmente, según datos de Witness at the Border, el 85% de los vuelos de deportación durante la administración Trump fueron operados por compañías privadas. El ex CEO de GlobalX, Ed Wegel, declaró en una conferencia de ganancias en 2023 que los empleados “básicamente no hacen mucho en el avión”, más allá de responder a emergencias. Una afirmación que contrasta fuertemente con los testimonios de los tripulantes.