Una tormenta estacionaria descargó en horas lo equivalente a cuatro meses de lluvia, desatando una crecida histórica que arrastró vehículos, casas móviles y hasta campamentos enteros. Las imágenes son desgarradoras: autos incrustados en árboles, puentes destrozados y familias enteras buscando desesperadamente a sus seres queridos entre los escombros.
Según reportes preliminares, "el Servicio Meteorológico Nacional emitió alertas de inundación potencial desde la tarde del 3 de julio", confirmó Kim Doster, portavoz de NOAA. Sin embargo, la magnitud del desastre superó todas las proyecciones: 15 pulgadas de agua cayeron en zonas donde se pronosticaban máximo 7. Para cuando se activaron las alarmas de emergencia en celulares (1:14 a.m.), muchos ya dormían en áreas de riesgo.