Trump revoca licencia a Chevron en Venezuela: Impacto geopolítico y económico
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El epicentro de la situación reside en la decisión del Presidente Donald Trump, anunciada a través de Truth Social, de revocar la licencia que permitía a la petrolera estadounidense Chevron operar en Venezuela. Esta decisión, según Trump, se debe al incumplimiento por parte del régimen de Nicolás Maduro en dos frentes clave.
Por un lado, se señala la lentitud en la repatriación de venezolanos deportados desde Estados Unidos. "El régimen no ha estado transportando a los criminales violentos que enviaron a nuestro país... al ritmo rápido que habían acordado," escribió Trump. Por otro, se menciona el incumplimiento de las condiciones electorales acordadas, vinculando la decisión con un acuerdo de transacción petrolera de 2022. La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, calificó la medida como "lesiva e inexplicable".
La licencia de Chevron, otorgada a finales de 2022 por el gobierno de Biden, fue inicialmente interpretada como una estrategia para aumentar el suministro de petróleo y disminuir los costos energéticos tras la invasión rusa de Ucrania. Sin embargo, un funcionario del Tesoro estadounidense aclaró que la medida se centraba en la "restauración de la democracia en Venezuela," desmintiendo así cualquier relación directa con los precios de la energía.
El impacto económico es significativo. Chevron extraía 241,000 barriles diarios, representando una cuarta parte de la producción petrolera venezolana, un aumento considerable desde los 77,000 barriles previos a la concesión. Asdrúbal Oliveros, de la consultora Ecoanalítica, destaca la importancia de Chevron para la estabilidad macroeconómica de Venezuela, generando empleos, contratos y divisas. Se estima que los ingresos fiscales de Venezuela por las asociaciones con Chevron en los últimos dos años alcanzan los US$4,000 millones. Antes del anuncio, el FMI proyectaba un crecimiento económico del 3% para Venezuela en 2025. Esta decisión podría afectar drásticamente esas proyecciones.
La situación se complica aún más al considerar la visita reciente del embajador Richard Grenell a Caracas. Su reunión con Maduro, la primera de un alto funcionario estadounidense en años, se centró en la deportación de venezolanos y la liberación de estadounidenses presos. Grenell afirmó que logró ambos objetivos sin concesiones a Maduro, a excepción, según algunos analistas, del mantenimiento de la licencia de Chevron. La renovación automática de la licencia un día después de la visita de Grenell alimentó la especulación sobre una posible contraprestación a Maduro. La posterior deportación de venezolanos, en vuelos de Conviasa a Texas y Honduras, sugiere un avance inicial, pero claramente insuficiente para la administración Trump.
La decisión de Trump añade una capa más de complejidad a la política estadounidense hacia Venezuela, dejando abierta la pregunta sobre si se trata de una escalada de presión, un cambio de estrategia o simplemente una respuesta a la percepción de incumplimiento del acuerdo. La licencia de Chevron tiene un periodo de renovación mensual, y su finalización, de mantenerse la decisión, daría a Chevron seis meses para cesar sus operaciones en el país.