Detrás de este relato institucional hay una historia humana que contrasta radicalmente con la versión gubernamental. José Martínez, un inmigrante mexicano con 23 años de residencia en EU, iba acompañado de su hijo y yerno -ambos ciudadanos estadounidenses- cuando ocurrió el altercado. En declaraciones a la Coalición Inland para la Justicia de los Inmigrantes, la familia describió una escena de terror:
Mientras las autoridades federales insisten en que actuaron "en legítima defensa" tras el atropello de dos agentes, organizaciones civiles señalan inconsistencias: