Detrás de este movimiento hay una negociación que lleva meses cocinándose. Zambada, de 77 años, enfrentaba originalmente 17 cargos que incluían narcotráfico, lavado de dinero y portación de armas, pero la Fiscalía sorprendió al renunciar a solicitar la pena de muerte. Ahora, el cofundador del Cártel de Sinaloa buscará reducir su condena a cambio de información estratégica.
Lo peculiar no es solo la caída de otro capo, sino el patrón que se repite: primero "el Chapo", luego sus hijos Ovidio y Joaquín Guzmán López —este último presuntamente involucrado en la entrega de Zambada—, y ahora "el Mayo". Mientras tanto, en México, el caso de Genaro García Luna sigue resonando como un eco incómodo de los vínculos entre crimen y poder.
El avión que llevó a Zambada a Santa Teresa en julio de 2024 parece haber sido el último viaje de quien durante décadas burló cercos militares y operativos. Hoy, con problemas de salud y ante un sistema judicial implacable, el hombre que alguna vez movió toneladas de cocaína tendrá que mover piezas en un tablero muy distinto: el de los testimonios bajo juramento.