Papa León XIV: "La pandemia de armas mata más que cualquier virus"

Detrás de los cordones policiales, las autoridades confirmaron lo impensable: Robin Westman, un joven de 23 años sin antecedentes penales, había entrado al recinto religioso armado con "tres tipos diferentes de armas de fuego", según el reporte preliminar del FBI. Las víctimas –dos niños fallecidos y 17 heridos– eran feligreses que minutos antes cantaban himnos.
Lo que distingue este caso –más allá de las estadísticas– son los detalles que emergen: las balas atravesaron crucifijos durante el ataque, los niños escondidos debajo de los atriles, y el sonido de los disparos que se mezcló con el grito de un profesor: "¡Es real, corran!". Mientras, en Washington, la Casa Blanca evitó usar el término "terrorismo" aunque el FBI ya clasificaba el acto como crimen de odio religioso.
En los hospitales cercanos, las enfermeras anotaban en las pulseras de identificación "víctima del tiroteo en iglesia", un código que conocen demasiado bien. Minnesota, un estado con leyes permisivas sobre portación de armas, ahora suma otro capítulo a la lista interminable de crímenes con fusiles semiautomáticos. La paradoja es clara: el mismo país que lidera la producción de vacunas sigue sin inmunizarse contra la violencia.