El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, utilizó el sistema Hackkey —desarrollado específicamente para esta investigación— capaz de registrar movimientos de las teclas con una precisión de 0.01 mm y 1,000 fotogramas por segundo. Así analizaron las ejecuciones de 20 concertistas profesionales mientras buscaban producir distintos matices tímbricos: desde sonidos brillantes hasta oscuros, ligeros o pesados.
"Los datos mostraron que los oyentes, independientemente de su formación musical, podían distinguir los timbres que los pianistas intentaban expresar", explica el informe. Los detalles clave:
Durante el siglo XX, revistas científicas como Nature habían planteado este enigma sin resolverlo. Ahora, la convergencia entre arte y ciencia no solo valida conocimientos empíricos de generaciones de músicos, sino que sienta las bases para revolucionar cómo se aprende y enseña el piano en la era digital.