“Mañana vas a hacer una llamada al bullpen”, le advirtió Cora. La respuesta del lanzador dejó claro que no había lugar para discusiones: “No, no, no. Una. Va a ser directamente a Chappy”.
Y así fue. Crochet, un zurdo que parece sacado de otra época, entregó una actuación que resonará en la historia de los playoffs. Con 117 lanzamientos—la cifra más alta en un juego de postemporada en seis años—domó a los Yankees de Nueva York con una mezcla de potencia y control que dejó sin aliento a los más de 40,000 aficionados en el Fenway Park. Once ponches, cero bases por bolas y apenas cuatro hits permitidos en siete entradas y dos tercios. Una exhibición de dominación pura.
Mientras los Yankees analizan cómo contrarrestar a una bestia llamada Crochet, Boston sabe que tiene en sus manos no solo a un lanzador, sino a un hombre con la mirada fija en algo más grande. “Se podía ver en sus ojos antes del juego que deseaba esto mucho”, confesó Alex Bregman. Y esa hambre, al menos por una noche, fue imparable.