Biden conmuta pena de muerte a asesinos de California

En el año 2007, Iouri Mikhel y Jurijus Kadamovas, dos inmigrantes soviéticos que operaban una tienda de acuarios en Ventura Boulevard, fueron sentenciados a muerte en un tribunal federal. Su delito: un macabro plan que involucró el secuestro y asesinato de cinco personas entre 2001 y 2002.
Las víctimas, pertenecientes a la comunidad inmigrante, fueron atraídas con la promesa de negocios lucrativos. Una vez en manos de los criminales, eran secuestradas, sus familias extorsionadas por cuantiosos rescates y, finalmente, asesinadas. Se calcula que Mikhel y Kadamovas obtuvieron casi un millón de dólares de esta manera, antes de ser capturados tras rastrear un pago electrónico.
Entre las víctimas, se encontraban: Meyer Muscatel (58 años, Sherman Oaks), Nick Kharabadze (29 años, Woodland Hills), Alexander Umansky (35 años, Sherman Oaks), Rita Pekler (39 años, West Hollywood) y George Safiev (37 años, Beverly Hills). Sus cuerpos fueron encontrados en el embalse de New Melones, cerca de Yosemite, a cinco horas de distancia del lugar de los crímenes.
Aunque las sentencias fueron confirmadas en apelación en 2018, el panorama cambió drásticamente el 23 de diciembre. El presidente Joe Biden conmutó las sentencias de muerte de estos, y otros 37 reclusos federales, a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. “Estas conmutaciones son coherentes con la moratoria que mi administración ha impuesto a las ejecuciones federales,” dijo Biden en un comunicado, estableciendo una distinción en casos de terrorismo y asesinatos en masa motivados por el odio.
Esta decisión, que ha generado controversia, deja solo tres reclusos condenados a muerte a nivel federal: Dzhokhar Tsarnaev (atentado de la maratón de Boston), Dylann Roof (masacre en la Iglesia Madre Emmanuel AME) y Robert Bowers (masacre en la Sinagoga del Árbol de la Vida).
La decisión presidencial se produce semanas antes del regreso del presidente electo Donald Trump, agregando otra capa de complejidad a esta historia.
La conmoción generada por estos eventos y sus implicaciones continúan resonando en la sociedad, planteando interrogantes sobre la justicia, la pena de muerte y el futuro de la política penal en Estados Unidos.