La larga lucha por atención médica digna para personas trans en México

Victoria Morales, activista y acompañante de mujeres trans en Jalisco, comparte su experiencia: “Hace una década, al buscar acompañamiento hormonal en el IMSS, me encontré con desinformación y estigmatización. Me realizaron pruebas de VIH, lo cual es pertinente, pero el trato fue marcado por prejuicios. Incluso me diagnosticaron ‘transexualidad crónica’, un término inexistente.” Tras dos años de ineficacia, Victoria optó por el sector privado, un gasto considerable: alrededor de 3,500 pesos mensuales durante casi nueve años. Esta realidad es representativa de una problemática mayor.
Según datos del INEGI, más de 316,000 personas en México se identifican como transgénero o transexuales. La Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género revela que esta población enfrenta una tasa de desempleo significativamente alta, llegando al 90% en el caso de las mujeres trans. Esta precaria situación económica dificulta enormemente el acceso a los tratamientos hormonales y quirúrgicos necesarios para la transición.
Aunque organizaciones como Human Rights Watch (HRW) reconocen avances en la legislación de 22 estados en cuanto al derecho a la identidad de género y la rectificación de documentos, Carlos Becerra, secretario general de la organización Unión Diversa en Jalisco, coincide con Morales en que los tiempos de espera en el sector público son largos y la capacitación médica a menudo insuficiente. En el sector privado, los especialistas son escasos y los costos, prohibitivos.
Esta falta de acceso a tratamientos formales lleva a muchas personas trans a la automedicación, con riesgos graves para su salud. El uso de sustancias no reguladas, desde biopolímeros hasta aceites no aptos, para modificar su cuerpo, puede resultar en “necrosis del tejido y enfermedades que, al ser atendidas en el sector público sin protocolos adecuados, pueden ser mortales”, advierte Morales.
Sin embargo, existen iniciativas prometedoras. La Unidad de Medicina Sexual en el Hospital General de Occidente de Zapopan, impulsada por Raúl Villaroel, Blanca Villaroel y Olivia Higareda, ofrece un protocolo multidisciplinario que atiende a personas trans de todo el país, sin criterios de exclusión, proporcionando atención en endocrinología, infectología, salud mental, y otras áreas, adaptándose a cada caso individual.
La atención integral y multidisciplinaria, aunque presente en algunos centros, sigue siendo la excepción en lugar de la regla. La brecha entre la legislación y la realidad para las personas trans en México es un reto que exige una respuesta urgente y efectiva.