Detrás de este fenómeno hay dos culpables principales: el bistec de res, cuyo precio se disparó un 18% en solo doce meses, y la comida fuera de casa, que registró un alza del 7.6%. Para quienes viven en ciudades, el valor mínimo para adquirir los alimentos básicos ahora es de 2,452 pesos mensuales, según las Líneas de Pobreza Extrema por Ingresos (LPEI).
Pero el problema va más allá de la comida. Para no caer en pobreza por ingresos, un hogar urbano necesita ahora 4,722 pesos mensuales, mientras que en el campo la cifra es de 3,394 pesos. Los rubros que más pesan en este cálculo:
"En áreas urbanas, educación y recreación subieron 5.4%, mientras en zonas rurales los mismos conceptos registraron aumentos de 5.2%", detalla el reporte del Inegi.
Lo más alarmante: casi la mitad de los habitantes rurales (49%) no gana lo suficiente para cubrir la canasta básica, frente al 31% en las ciudades. Una brecha que, según los números, sigue creciendo.