Cada año, miles de fieles recorren los caminos del norte de Sonora para rendir homenaje a San Francisco Javier y revivir el trayecto espiritual de Eusebio Francisco Kino. Esta caminata de fe hacia Magdalena de Kino no es solo una tradición religiosa; es también una manifestación de agradecimiento, esperanza y comunidad. Desde Cananea, Nogales, Ímuris y otros municipios, incluso de los Estados Unidos, los peregrinos caminan kilómetros bajo el sol, impulsados por promesas cumplidas o peticiones de salud, trabajo y fortaleza espiritual.
El recorrido termina en la capilla de San Francisco Javier y tiene raíces profundas en la historia misional de Sonora, siguiendo los pasos del Padre Kino, fundador de las antiguas misiones de la Pimería Alta, los caminantes recorren los 88 kilómetros entre Nogales y Magdalena con la idea de reafirmar su identidad y su fe. Aunque el esfuerzo físico es grande, el objetivo va más allá de la meta: se trata de un encuentro con uno mismo, con los demás y con Dios.
Desde hace 3 años Víctor Manuel Hernández, originario de Terrenate, brinda junto a su familia servicios de apoyo y primeros auxilios a los peregrinos. Su iniciativa nació al observar cómo al borde de este último tramo los caminantes, especialmente aquellos que hacen grandes distancias, llegan con heridas y agotados, por lo que con recursos propios organizan, basados en la fe, atención médica básica, descanso y alimentos; todo en un acto de agradecimiento y servicio, con el apoyo humano y la fe en primer lugar.
Nosotros tenemos una capacitación como rescatistas. Apoyamos, miramos qué era la necesidad básica, porque mirábamos a gente que venía desde Cananea, vienen de Nogales, vienen con los pies destrozados, y de ahí nació la idea de todas las familias podernos organizar. Se les toma la presión a los que tienen necesidades, si viene la gente con problemas de sus pies, que tienen ampollas, se les brinda una atención y también tenemos la cuestión de que pueden estar tiempo aquí. De hecho, hace rato estaban las personas que duraban hasta las 3 de la mañana y se acaban de ir ahorita, pero sí, todo ese tipo de servicios, y aparte les damos dulce, porque miramos que en todas partes hay mucha comida, pero no hay algo para poderles regenerar ese potencial de las personas, que se necesita azúcar, entonces nosotros brindamos ese pequeño detalle; son detalles pequeños, que en realidad significan bastante, indicó Víctor Manuel Hernández.
Pues es una bonita experiencia la verdad, porque vives muchas cosas en el camino. Desde que quieres dejarlo todo por la paz a medio camino y regresar de tu casa, pero no sé, pues a lo mejor por la misma fe que tienes, pues te va impulsando a seguir adelante, compartió Manuel Castro.
Sí, en quien se atreve a hacer la caminata hay un fervor muy arraigado y eso es uno lo que trae. Pero lo que va sucediendo en el camino, en el encuentro con uno mismo, en el encuentro con los compañeros, con la naturaleza y obviamente el encuentro con Dios, va echando raíz en la experiencia. Y creo que eso nos hace sostenernos y eso hará que se siga sosteniendo esta devoción, lo que ocurre en el camino. Una cosa es lo que traemos, el propósito personal, y otra es lo que de manera gratuita va sucediendo. Es una experiencia en ese sentido de gratuidad, de gracia, expresó el sacerdote Claudio Murrieta.
Realmente es algo que lo tienes que hacer de corazón. Es algo que lo tienes que hacer porque sientes la necesidad de hacerlo. Es algo que tú quieres hacer para solventar ese lado inhumano, por así decirlo. Y la verdad, yo soy fiel testigo de que cuando pides algo de corazón y de fe, se cumple. A mí me ha respondido muy rápido, demasiado rápido. Te puedo decir que nunca ha pasado ni un mes y tengo solucionado mi problema, expresó Luis Alberto Noriega.