Delaney Hall abre centro de detención para migrantes en Newark

Este edificio, a menos de tres kilómetros del Aeropuerto Internacional Newark Liberty, se perfila como el primer centro de detención para migrantes de la era Trump. Su ubicación estratégica, según Caleb Vitello, director en funciones del ICE, "agiliza la logística" para las deportaciones. Pero la cercanía al aeropuerto no es el único detalle que llama la atención.
El Delaney Hall, antes inactivo, ahora muestra señales de frenética actividad. Se observan obreros soldando en el techo, confirmando el inminente reinicio de operaciones. "Dicen que es una cárcel," comenta un vecino, observando las imponentes estructuras de alambre que rodean el edificio. George Zoley, director ejecutivo del Grupo GEO, la empresa a cargo, asegura que la instalación está "completamente nueva por dentro y lista para funcionar".
La reapertura no está exenta de controversia. El Grupo GEO, tras firmar un contrato de 60 millones de dólares anuales por 15 años con el ICE, se enfrenta a la oposición de políticos de Nueva Jersey que buscan aprobar una ley que prohíba los contratos con la agencia federal. Se estima que la empresa generará casi 1.000 millones de dólares con este acuerdo, una cifra que ha generado fuertes críticas.
El costo por cada cama destinada a un migrante asciende a 164,65 dólares diarios. Con un presupuesto del Congreso de 3.400 millones de dólares para arrestar a 41.500 indocumentados diariamente, muchos denuncian este modelo como un negocio redondo que prioriza las ganancias privadas sobre las necesidades comunitarias. “Los ejecutivos corporativos y las compañías de prisiones privadas ven las deportaciones masivas y la detención como un día de pago," declara Diego Bartesaghi de Make the Road New Jersey, un grupo que exige el cierre del Delaney Hall.
La situación no se limita al Delaney Hall. El centro de detención en Elizabeth, administrado por CoreCivic, también opera con un plan para triplicar su capacidad. Su director ejecutivo, Damon Hininger, ha calificado este momento como "uno de los periodos más emocionantes de su carrera," augurando un "crecimiento significativo" para su empresa. Esta expansión genera preocupaciones sobre el hacinamiento, la calidad de vida de los detenidos y las implicaciones para las comunidades inmigrantes.
Testimonios de migrantes detenidos en Elizabeth describen condiciones deplorables: falta de comida, medicamentos, hacinamiento, y acusaciones de racismo y trabajo forzado. "En Elizabeth falta la comida, los medicamentos, con la pandemia de Covid murieron muchos migrantes y gente del staff," relata Rita Dentino de Casa Freehold. La sobrecapacidad del sistema, con alrededor de 46.000 personas retenidas en un sistema diseñado para 38.500, ha llevado a Tom Homan, el "zar de la frontera", a solicitar la construcción de al menos 100.000 camas adicionales.
Las protestas contra la apertura del Delaney Hall y las condiciones en el centro de Elizabeth son constantes. El alcalde de Newark, Ras Baraka, ha amenazado con acciones legales. La preocupación se centra en el impacto de estos centros en las comunidades inmigrantes, exacerbando el miedo y la inseguridad.