Aranceles de Trump: advertencias sobre consecuencias devastadoras para la economía estadounidense

En medio de este panorama, la Mesa Redonda de Negocios de Estados Unidos, que reúne a los CEOs de las empresas más importantes del país, ha lanzado una seria advertencia. Su comunicado, emitido el miércoles pasado, no deja lugar a dudas: los recientes anuncios arancelarios del presidente Donald Trump provocarán consecuencias devastadoras.
Según la Mesa Redonda, “los aranceles corren el riesgo de causar graves daños a los fabricantes, trabajadores, familias y exportadores estadounidenses”. El impacto no se limita a un sector específico; la afectación es generalizada, incluyendo a los trabajadores y a las familias que dependen de esos trabajos. La gravedad del problema se acrecienta con la posibilidad de medidas de represalia de otros países, generando un efecto dominó de consecuencias impredecibles.
La preocupación no se limita a la Mesa Redonda. Otras organizaciones empresariales han expresado su inquietud. La Cámara de Comercio de Estados Unidos, por ejemplo, ya había advertido previamente que la imposición de gravámenes a las exportaciones “elevará los precios para los consumidores estadounidenses y perjudicará la economía”.
El anuncio presidencial detalla la imposición de un arancel base del 10% para todos los países considerados como obstáculos al comercio estadounidense. Sin embargo, este porcentaje se incrementa significativamente para determinadas naciones, alcanzando el 34% para China, el 20% para la Unión Europea, el 24% para Japón, el 26% para la India, el 17% para Israel, y el 10% para la mayoría de las naciones latinoamericanas. Estas tasas adicionales entrarán en vigor el 9 de abril, mientras que el arancel base del 10% inicia su aplicación el 5 de abril.
La Fabricación Nacional de Minoristas y la Asociación de Distribuidores y Minoristas de Calzado de Estados Unidos han coincidido en la catástrofe que esto representa para las familias estadounidenses, alertando sobre el aumento de precios, la disminución de la calidad de productos y la erosión de la confianza del consumidor. Señalan, con precisión, que los aranceles no los pagan los países exportadores, sino los importadores estadounidenses, lo que se traduce en un golpe directo al poder adquisitivo del ciudadano medio.