Destitución de directora del CDC revela choque entre ciencia y política en EE.UU.

"Fue el presidente Trump quien ganó las elecciones. Esta mujer nunca ha recibido un voto en su vida", declaró la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en un mensaje que dejó claro el nuevo estándar: alinearse o salir.
La salida de Monarez —quien apenas duró un mes en el cargo— no fue un caso aislado. Cuatro altos funcionarios del CDC renunciaron en protesta, dejando a la agencia prácticamente descabezada. Entre ellos, Demetre Daskalakis, exjefe de vacunas, quien criticó abiertamente a Kennedy: "Si el CDC tiene problemas, es porque él los genera".
El conflicto va más allá de una simple pugna burocrática. Kennedy, escéptico de las vacunas y cercano a teorías conspirativas, ha impulsado cambios radicales:
La tensión refleja un patrón: desde la Reserva Federal hasta agencias de inteligencia, funcionarios que discrepan con Trump enfrentan presiones o despidos. El caso del CDC, sin embargo, tiene un matiz distinto: aquí no se discuten tasas de interés, sino vidas.
Detrás de la crisis hay un cálculo político. Kennedy, aunque polémico, aporta a Trump un electorado transversal: libertarios, conservadores escépticos de las élites y hasta algunos progresistas desencantados. Su narrativa antiestablishment resuena en medios conservadores y fortalece la imagen presidencial como "destructor del statu quo".
El nombramiento de Jim O'Neill como director interino —un tecnólogo sin vínculos con Kennedy— sugiere que la Casa Blanca busca equilibrar las apariencias. Pero el mensaje central permanece: en esta administración, la ciencia tendrá que negociar con la ideología.