"No eran solo botellas enteras, sino fragmentos casi invisibles mezclados con la arena", recuerda. Ese momento marcó un giro en su carrera.
Con una trayectoria en soluciones ambientales y un título de la Universidad Concordia, Sajedi decidió adentrarse en un doctorado para estudiar un peligro que pasa desapercibido: los microplásticos en envases de agua. Su investigación, publicada en el Journal of Hazardous Materials, revela datos alarmantes:
Aunque países han legislado contra bolsas y popotes, las botellas de agua—usadas en promedio 20 minutos antes de ser desechadas—siguen siendo un tema pendiente. Para Sajedi, la solución no está solo en prohibirlas, sino en cambiar hábitos: "El agua embotellada debería ser solo para emergencias, no para el consumo diario". Su llamado no es al miedo, sino a la conciencia: el riesgo no está en una sola botella, sino en la exposición constante.