Crisis en 'Casa Frida': refugio LGBTQ+ en México al borde del colapso

En Tapachula, Chiapas, a la sombra de la compleja situación migratoria, se encuentra Casa Frida, un refugio para migrantes LGBTQ+. Su labor, sin embargo, está en riesgo. El nombre de Ana Esquivel, una mujer transgénero de 50 años que escapó de Cuba, ejemplifica la lucha diaria de muchos. “Regresar a Cuba no era una opción”, confiesa Ana, quien sufrió persecución y violencia en su país, incluyendo un año de prisión con abuso sexual. Ahora, en México, busca asilo, un nuevo comienzo.
La situación se complica aún más por las políticas migratorias restrictivas implementadas en la frontera sur, que han disminuido el flujo migratorio general. El cierre de la aplicación CBP One, que facilitaba el ingreso a Estados Unidos, ha dejado a muchos en una situación de vulnerabilidad. Un administrador de un refugio católico cercano señala que el número de migrantes atendidos ha disminuido drásticamente, de 1700 a cerca de 300. Muchos han retornado a sus países de origen; sin embargo, para la comunidad LGBTQ+, regresar no es una opción viable. La incertidumbre es palpable.
Mientras otros refugios ven disminuir sus ocupantes, Casa Frida, con sedes en Ciudad de México, Tapachula y Monterrey, enfrenta una realidad diferente. Las solicitudes de ayuda siguen llegando; alrededor de 80 al mes solo en Tapachula. Sebastián Rodríguez, miembro del personal, explica que las personas transgénero y no binarias son especialmente vulnerables, enfrentando discriminación incluso dentro de otros albergues. Casa Frida, a pesar de recursos limitados, alberga hasta 200 migrantes LGBTQ+ simultáneamente, brindando refugio, alimentación, orientación legal y apoyo psicológico. “Muchas mujeres transgénero se ven obligadas a vestirse como hombres para evitar ataques”, afirma Rodríguez.
El principal obstáculo para Casa Frida son los recortes presupuestarios. Según Mariana de la Cruz, directora de operaciones, el 60% de su presupuesto se desvaneció tras las políticas de la administración Trump. La organización, parte de una red de 13 organizaciones en América Latina y el Caribe, lucha por mantenerse a flote a través de campañas de financiación y buscando apoyo internacional.
Historias como la de Manuel Jiménez, un joven de 21 años que escapó del acoso familiar y encontró refugio en Casa Frida, dan testimonio de la importancia vital de la organización. También la de Rachel Pérez, una mujer transgénero de 51 años, quien escapó de Cuba tras sufrir encarcelamiento injusto y discriminación. Ambas buscan reconstruir sus vidas lejos de la violencia.